Orgullo: Compra y Venta
En un conflicto social en el interior como el Baguazo lo primero que hay que cuidarse no son de las carreteras tomadas o las piedras sino de herir susceptibilidades de no sólo los implicados sino de ciudadanos que por querer ser políticamente correctos llegan a la estúpida reivindicación y la falsa solidaridad. Posería pura.
Cuando la prensa llamó indígenas (esta palabra es una papa caliente, cuidado) a las tribus de marras hubo quienes lo consideraron ofensivo. ¡Ojo que ellos mismos y constitucionalmente se consideran nativos! El término les pareció quizá muy crudo. De repente, casta en vez de tribu o lugareños por aborígenes resultaba mejor.
Un problema es que Lima, sociológicamente hablando, es otro país; igual de fragmentado y con marcadísimas diferenciaciones entre su gente. Es por ello que la perspectiva con respecto al resto del país es como la de una tierra exótica, distante y misteriosa.
Y eso se aplica a la inversa también. Los indígenas piensan en Lima como el monstruo que devora sus recursos sin dejar nada a cambio; más les vale que recuerden las funciones de sus presidentes regionales. El Perú es un tablero de rompecabezas: aún unido está fraccionado.
Es por ello que no es difícil apelar a la identidad nacional bajo un referente totalizador -gastronomía, alguna figura deportiva, música, o el celebérrimo hasta el hartazgo Machu Picchu- para conseguir réditos económicos y, de paso, quedar bien con todos. Chequen las campañas de Backus e Inka Kola si no.
Si bien nunca tendremos nada en común con los aborígenes de la selva o los nativos del ande eso no significa que sus causas sean ajenas a la empatía connacional. No deberíamos dejarnos vender el cuento de la identidad peruana como un plato de comida o un equipo medallista.
Si desapareciera Machu Picchu el Perú todavía existirá mientras haya un peruano, para bien o mal. Hasta que un guachimán, Juan Diego Flores y un shipiba no se den cuenta que no un DNI o un pasaporte los une, esto no es un país, es un pueblo joven en Sudamérica.
El orgullo multicolor
En este nuevo siglo la comunidad LGBT tiene un mayor protagonismo dentro del panorama sociológico capitalino, su población aumenta estable e inmutable y, a mediano plazo, se
convertirán -todavía como una minoría- en un grupo demográfico de presión y, se quiera y guste o no, relevante en la toma de decisiones político/socioeconómico. Ni qué decir de ser un pequeño mas no despreciable electorado cautivo.
Para que se beneficien de ese prometedor escenario requerirán de una mayor cohesión entre sí y una representatividad pluralista (el MHOL que ya está bien cimentado debe soltarse las trenzas y hacer lobby en el Congreso). Sin una comunidad comprometida y reivindicativa dudo que logren reivindicar sus derechos civiles de igualdad y tolerancia.
El orgullo del que hacen acopio en sus marchas es sólo el disfuerzo de gays apolillados por la noche y la necesidad de brillar a plena luz del día. Ese sentimiento de identidad está madurando mal. Los jóvenes salen del closet a una todavía sociedad intolerante y a un colectivo ajeno, indolente, hedonista, incompetente para luchar por ellos mismos, pero sí para hacerse del último artilugio high-tech.
En el peor de los casos, los gays simplemente se mantienen en el armario por toda su vida, permitiendo que se les mantengan en silencio, al margen, como una entidad abstracta de rechazados y auto-marginados
. Mientras que en USA la Point Foundation, por ejemplo, reparte becas a estudiantes openly-gay, aquí se esperaría un linchamiento en ciudades no tan pequeñas ni subdesarrolladas como Arequipa o Cusco.
Menos brillantina y más músculo. El orgullo no es un producto que se use para ciertas ocasiones ni un listón rojo en la solapa. De no cambiar esa actitud y ese estilo de vida, los gays seguirán siendo la rareza que han sido y no la comunidad que en teoría son.


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El problema mas grande del pais es el prejuicio, el dia que nos veamos a todos como iguales recién podremos hablar de cambio. Ojalá los gobiernos que vengan decidan descentralizar el Perú y darle mas poder de decisión a las provincias.
Yo si no me dejo llevar por lo de comprale al Perú y todo ese nacionalismo. Si me voy a comprar un producto me fijo en su calidad y no tanto de donde viene, eso se lo dejo para quienes quieren sentirse “peruano”
El país se esta viniendo abajo, recuerden que con Fujimori pasó el Andahuaylazo, de ahi con Toledo el Arequipazo, y con Alan el moqueguazo y el Baguazo, no hay que ser un analista político para darse cuenta que el interior del Perú es muy fragmentado y en cualquier momento el país se divide
No quiero que suene feo pero si muchos gays no fueran tan cabros ni locas hace rato les habrían reconocido como una minoría. Recién cuando ya han conseguido la igualdad de derechos los gays de Estados Unidos o Europa se deschavaron y son como son ahora no al revés, aquí solo hay Pacos Ferrer y Cachos
En Colombia y Argentina el matrimonio gay se da con tanta naturalidad que la gente ya ni se escandaliza por eso. Creo qe es cosa que nos acostumbremos y veamos que la comunidad gay no es tan peligrosa para los valores nacionales como si lo es el terrorismo o los extrmistas como Antauro Humala.
Buenos temas de discusión, saludos
No veo el dia que sea legalizado el matrimonio gay en el Perú, la gente aquí es demasiado conservadora además de que los valores del pais se han dañado tanto durante el fujimorismo que permitir a dos hombres o mujeres criar un niño sería la estocada final para acabar con la identidad nacioal
El baguazo fue negligencia del gobierno por no saber entender la problematica delos pueblos aborígenes del Perú. Siempre que hay intereses propios en juego se deja de lado el beneficio del pueblo y se pasa por alto las necesidades de los más pobres