I ♥ (Marisa) Berenson

por G. Bastas Chipoco


A propósito de la liberación de la terruca estadounidense, Lori Berenson, Miraflores está en el centro de la atención mediática y no por gratuitas coincidencias, sino por una serie de factores que han llevado a este distrito a ocupar una posición que puede ser crucial para el zeitgeist peruano en ésta década.

Berenson ha decidido habitar un departamento en el corazón de Miraflores, un vecindario clase mediero por antonomasia; al lado de la gente que una vez tachó como enemigos del pueblo, a quienes resolvió atentar sin contemplaciones al alimón con su abogado/esposo/insurgente redimido y candidato al sillón de Villa El Salvador –María Elena Moyano y todos los inmigrantes ayacuchanos que huyeron del Terror serían ridiculizados de ser este elegido.

Los intelectuales y activistas de izquierda del bicéfalo PUCP/ONG’s, quienes una vez exhortaron por la pacífica convivencia con el pasado en pos de una cuasi utopía hippie, deben verse satisfechos por lograr la tan ansiada Reconciliación que idearon durante el gobierno transitorio de Paniagua, sólo con el fin de agenciarse relevancia pasajera y vanagloria fútil a los ojos de entidades de corte progre (Amnistía Internacional, IDL, etc.)

Si un segmento de la sociedad culpó a la CVR por abrir heridas y vulnerar susceptibilidades con los testimonios, ahora ha de esperarse que la presencia de Berenson defeque sobre esa misma cicatriz en la conciencia colectiva limeña que tiene la forma de un boulevard: Tarata.

Caminar por la ruinosa calle Alcanfores y de pronto ver Tarata cerca y pensar en Lori paseando por allí no es surrealista, es una pesadilla a lo Costa-Gravas. Es el peor presagio del futuro. Es un déjà vu terrorífico. Alan García es presidente y Miraflores entre terroristas: como si la moda retro de los 80’s incursionara en lo psicosocial.

Ya los vecinos del distrito y el alcalde Masías han organizado vigilias y peticiones a las autoridades para expulsarla de Miraflores. Sin embargo, esa expulsión no es física sino también simbólica. Significa el rechazo total del lastre de la violencia y la intolerancia ideológica.

En tiempos de paz la voluntad de la ciudadanía sirven como una declaración de principios en contra de los vestigios del comunismo más rojo (sangre) y un paso adelante en la formación de una identidad y un activismo social más enérgico. La planeada construcción del Museo de la Memoria no puede ser mucho más de mal gusto ahora con una enemiga del estado libre y rampante por sus inmediaciones.

La bella y las bestias

Después de la elección de Rima Fakih como la Miss USA han surgido denuncias de conexiones con el grupo extremista islámico Hezbolá que empañan la obvia y natural perfección de la ganadora. Difícil asociar ambos escenarios tan disímiles entre sí: un concurso de belleza y un grupo terrorista.

A los Estados Unidos les cuesta aún reconciliar el recuerdo del 11 de setiembre con la cultura y religión Islámica a la cual relacionan como una parte de la otra. Si bien el atentado fue parte de una fatwā instaurada desde los tiempos de la revolución del Ayatollah Jomeini mucha agua ha pasado en el río y en una Era de esperanza -el eslogan de campaña del electo presidente Obama- este tipo de incidentes con la Miss USA no deberían siquiera suceder.

Es curioso saber que Rima Fakih es una descendiente libanesa criada en New York City. En sus tiempos los árabes eran sólo una amenaza lejana y típicos villanos de películas de acción, nunca un pueblo viviendo en el seno de la nación que planean destruir. Su coronación debe servir de gesto simbólico de una sociedad, de una ciudad tan idiosincrática como la neoyorkina, dispuesta a perdonar y seguir adelante.

Lori Berenson no es Rima Fakih ni Miraflores es NYC. Una trató de destruir vidas mientras que la otra nutrió la suya con la vibrante cultura de la Gran Manzana. A una han liberado y la sueltan en plaza y bulevares, a la otra se le hará complicado pasar los controles en el JFK y La Guardia. Tiempos confusos los que vivimos estos años.