“Callejón Oscuro” o la ley del más fuerte

por G. Bastas Chipoco


A propósito de los últimos incidentes en las escuelas el bullying está en boca de todos. Tanto el Ministerio de Educación, MIMDES, la Defensoría del Pueblo, las madres de familia cotorras afuera del colegio, etc. se han pronunciado y, sin embargo, pocos parecen comprender el meollo del asunto.

El bullying ha ido tomando protagonismo con el paso de los noventas hacia el nuevo siglo. En sociedades del primer mundo como EE.UU. y Japón el bullying se ha convertido en moneda corriente y parte inherente en la vida e interacción adolescente.

Ha ocupado mayor relevancia aún a la hora de analizar el leit motiv tras las masacres de Columbine o Virginia Tech –en donde los perpetradores, Seung-Hui Cho (quién sufría de depresión crónica y cuadros de ansiedad), Eric Harris y Dylan Klebold  fueron sistemáticamente abusados durante la secundaria. En el caso de los dos últimos se volvieron bullies por su cuenta-.

Casi como una ley darwiniana, el bullying es un escollo el cual todo escolar debe de superar por sí mismo si es que pretende hacerse paso en los once años de colegio y definir su personalidad (hombría, sexualidad, valía) al pasar por la pubertad y entrar a su juventud.

Cual si fuera un reto espartano de supervivencia el chico tiene que encarar la amenaza diaria de una figura de su mismo círculo, un enemigo desde adentro. En caso contrario, el resentimiento, trauma y humillación crecerá como un cáncer tallando su personalidad, manías, hábitos, actitudes frente a los problemas que podrían degenerar en patologías psiquiátricas en su adultez.

Antes que las autoridades intervengan cual personajes orwellianos el comportamiento y ethos de los menores en las aulas, deberían monitorearlos y analizar las razones y reacciones del comportamiento del bully y su víctima.

Sólo tras un trabajo de campo de primera mano y exhaustivamente comprometido y empático se logrará determinar la dinámica familiar, el origen, desarrollo y consecuencias de un lastre sociológico y conductual y, quizás, el inicio de la decadencia de una generación.

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