“The American” o cómo George Clooney pasa de cool a letal en dos horas

por G. Bastas Chipoco


Anton Corbijn es tanto un veterano como novato en el arte tras la cámara -con más de veinticinco años haciendo videoclips para Depeche Mode, Nirvana o Echo & The Bunnymen, este es su segundo filme-. En The American, tras el conciso Control, Corbijn cuenta con un George Clooney en estado de gracia; en su mejor momento artístico, físico y mental.

Este es un thriller sencillo con el personaje de Clooney recluido en una villa en los sinuosos Apeninos italianos en el que es su último trabajo como diseñador de armas para una rubia asesina que cumple bien su rol de femme fatale.

Es así que las escenas que comparten Clooney con Thekla Reuten están cargadas de una presión proporcionada por el peligro de una agenda e intenciones ocultas y el asfixiante preciosismo del ambiente. Tan bucólico y apacible que resulta ideal para ser la tumba de un paria que vive al borde de la ley.

La soledad envolvente del protagonista -cargado con tics nerviosos, una contenida paranoia y su mirada inquieta y elocuente- se interrumpe en ocasiones por sus conversaciones con un sacerdote local con un pasado turbio y su creciente relación con una prostituta que carga un arma, le genera dudas y aumenta su tensión (excelente Violante Plácido)

El ritmo de Corbijn es metódico, casi quirúrgico como la actuación de Clooney, hecha a su medida para su lucimiento. Como la maquinaria de un reloj suizo, su encanto es europeo y elegante, sofisticado en la superficie y complicado en su naturaleza. El buen ojo fotográfico del holandés se aprecia como si se tratase de una postal sobrecargada y atmosférica, pero firmada con sangre.

Lo bueno: la primera escena y un picnic mortal.

Lo malo: lo espaciado entre las escenas de acción pueden quitarle la paciencia al cinéfilo más adrenalínico.

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