“The Kids Are All Right” o el fin de la Familia Ingalls por una versión gay, moderna y cool

por G. Bastas Chipoco


En una sociedad eminentemente conservadora como la estadounidense los valores familiares es la base moral de la nación, la cual se nutre, además, del Protestantismo que, al mismo tiempo, alaba y promueve la formación de comunidades felices, heterosexuales y cristianas. Por lo tanto, las familias de USA respiran y viven un ambiente políticamente correcto en un círculo de retroalimentación que incluye la mass media (prensa, literatura, cine y TV)

Si bien la presencia gay en los últimos veinte años ha sido en crescendo y sistemática, no fue hasta con Modern Family la posibilidad de mostrar a una familia gay exitosa y completamente funcional –muy al margen del gag cómico de rigor que el género le exige-. De ese modo, The Kids Are All Right es una película sintomática que aprovecha el clima liberal, desfachatado y de esperanza que la América de Obama está viviendo.

Nic y Jules (Annette Bening y Julianne Moore; seguras de sí mismas y soberbias en sus roles) son un matrimonio de facto con dos hijos quienes ya en su adolescencia necesitan de una figura paterna por lo que encuentran a Paul (cumplidor Mark Ruffalo), el donante de esperma que hizo todo posible.

El filme toca las fibras sensibles de cualquier matrimonio y las crisis que una familia promedio atraviesa. Con un ritmo tranquilo, relajado y sin el apuro forzado por crear risas, The Kids Are All Right va creciendo como una comedia de la vida de hoy.

Lo bueno: sin ser un duelo interpretativo, Bening y Moore crean una sinergia impresionante de principio a fin.

Lo malo: ser demasiado cool le juega en contra a Ruffalo y es el punto flaco del filme.

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