“Love And Other Drugs” o la comedia que es drama, el docudrama cómico o un sancochado intermedio

por G. Bastas Chipoco


La química que destila la pareja Jake Gyllenhaal y Anne Hathaway brota en cada fotograma de las escenas que comparten; vestidos o desnudos, en silencio cómplice o en medio de algún insight de profunda resonancia emocional, o en la idiotez del gag de rigor. Se vislumbra una pareja casi icónica en la tradición de Ginger & Fred, Tracy/Hepburn, Richard & Liz o los bufones modernos Barrymore/Sandler.

Gyllenhaal (seguro de sí mismo, pero todavía sin desplegar credibilidad artística) es un vendedor de fármacos, un svengali del negocio de la salud que se vale de argucias y manipulaciones para lograr objetivos ajenos al beneficio de la calidad de vida de los pacientes sino de la corporación que lo adopta, Pfizer.

En la otra esquina Hathaway (más canchera y dueña de la pantalla cuando la enfocan) vive en un limbo existencial impulsado por su Parkinson latente y su frenético carpe diem. En ambos surge un interés mutuo por conseguir placer y satisfacción, un escape a los problemas y vacíos mundanos. Una relación sin ataduras que los va envolviendo de a pocos en esa necesidad de conexión implícita entre cama y cama.

Lo que pudo ser una comedia maniática al principio -en gran medida por las intervenciones escatológicas de Josh Gad y su personaje de confección cuasi adolescente- se va transformando en un curioso mockumentary sobre la poco ética arena de las ventas farmacéuticas. Cuando el filme devanea entre ambos géneros las escenas de sexo se intercalan y el desnudo se vuelve común al grado de redundante. No obstante, hacia el final el romance entre los protagonistas se vuelve un drama acelerado agravado por lo que las lágrimas, el razonamiento existencial acapara todo ahogando los chispazos de gracia o verosimilitud en la historia.

En definitiva Love And Other Drugs es un romance adulto y audaz que pudo aprovechar los recursos a la mano (el fenómeno Viagra, protagonistas carismáticos, una historia simple y creíble) pero se dejó engullir por la necesidad de hacerlo todo, lograr nada y parecer un producto vacío, olvidable y efectista.

Lo bueno: en los extremos del filme Anne Hathaway y Josh Gad brillan sin deslumbrar.

Lo malo: al terminar el filme la satisfacción es confusa y el recuerdo se desvanece al buen rato.

Anuncios