Mario Vargas Llosa, Alejandro Toledo y el Comandante Humala en “Historia Nacional de la Infamia”

por G. Bastas Chipoco


A propósito del endose de Mario Vargas Llosa al candidato Ollanta Humala, recuerdo el caso del genio Jorge Luis Borges a quien le negaron el máximo galardón terrenal de su disciplina, el premio Nóbel de Literatura, a consecuencia de su controversial simpatía a Augusto Pinochet y la Junta Militar que derrocó el gobierno fascista de Isabelita Perón.

Desde siempre Borges mostró un indomable anticomunismo, que lo desmarcaba del políticamente correcto y carismático Pablo Neruda -quien fue un militante adepto y confeso del dogma soviético-, y de un individualismo similar al Objetivismo de Ayn Rand. Asimismo, desde los años 40 fue objeto del ensañamiento peronista que no dudó en humillarlo de toda forma posible, como nombrarlo Inspector de Conejos y Gallinas en el Mercado Municipal de Bs.As.

De ese modo cuando el tercer gobierno justicialista cayó en 1976 y se inició el Proceso de Reorganización Nacional -manchado de sangre por la Guerra Sucia que se cobró un estimado de 30 mil vidas- Borges junto con Sábato no dudaron en mostrar su inicial entusiasmo por el cambio de régimen. Aquel apoyo fue suficiente para que la Academia Sueca en vez de subrayar su nombre lo tacharara. Ya era objeto de sospecha, por supuesto, que se venían perpetrando asesinatos selectivos y represiones por parte de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) al mando de El Brujo durante la administración de los Perón, por lo que Borges celebró la renovación de un Estado golpeado por el peronismo que él tanto resentía, pero que finalmente lo condenó política y moralmente.

Ollanta Humala siendo un político espontáneo de crianza etnocacerista, de subrepticias intenciones, cuyas pruebas de intervencionismo brasilero y la conexión venezolana no han quedado esclarecidas sino, por el contrario, tamizadas por una férrea estrategia electoral que ha logrado engatusar tanto a crédulos como idealistas ha puesto a Vargas Llosa en una delicada posición dentro de la historia y la memoria colectiva.

Tanto MVLL como Alejandro Toledo el antifujimorismo es casi una raison d’etrê. Para el escritor Alberto Ken’ya, quien le arrebató un derecho cuasi divino en las elecciones de 1990, le significó mantenerse vigente como una voz intelectual lúcida y siempre opositora. Para Toledo, tras la caída del régimen en el 2000, Perú Posible recién pudo redituarse de su discreta performance de 1995 para abrazar la lucha democrática y prometer un gobierno de “todas las sangres”, que devino en una gestión mediocre que poco cumplió las expectativas que generó.

Es así que dadas las circunstancias tanto MVLL y Toledo no podían ir en contra de su sentido común y se rindieron a lo que cultivaron tras años de revanchismos, resentimientos y leitmotiv político. Ninguno de ellos dos podían dejar correr su maquillaje y mantenerse neutrales, tuvieron que prestar sus nombres a un candidato que bien podría dilapidar y ensuciarlos en la infamia gracias al egoísmo y egolatría.

Caso aparte es la de los Mohme en su trinchera periodística de La República. Este medio fue de los más golpeados en la andanada corrupta de Montesinos y si bien es lógico y comprensible entender su antifujimorismo fundamentalista y urticante, lo que sí es perturbador es su apoyo a un militar golpista de origen autoritario y con sospechas de abuso a los DD.HH., justo aquello que ese diario y Gustavo Mohme se oponían por antonomasia.

Toda esta coyuntura es el preludio de la lenta muerte del escribidor como el hombre de política que trató de mantener desde los 80’s, de aquí en adelante será apenas una vaca sagrada sin poder e influencia, devenido a una figura decorativa de apreciación como un souvenir más. Así como éstos argumentos bien pueden aplicarse para quienes se alinearon a Keiko Sofía, bien vale leer El Pez en el Agua para notar a un malogrado estadista, amargado entrelíneas, cuya reacción a la derrota fue la de nacionalizarse español y refugiarse en Londres para apaciguar la vergüenza del rechazo de sus compatriotas en las urnas.

MOMENTO AUDIOVISUAL:

En una clase de revival soviético se da a lugar el juramento de Ollanta Humala frente a un idolatrado MVLL como si se tratase del camarada Stalin durante las celebraciones a su culto a la personalidad.

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