“You Will Meet A Tall Dark Stranger” o un cuento sobre fe y fortuna por un ateo no tan chistoso

por G. Bastas Chipoco


Todo cinéfilo conoce la visión de Woody Allen con respecto a la religión, de hecho, lo mejor de su comicidad está inspirada por su descreída visión sobre la fe. Incluso cuando le ha tocado ser denso, como en el caso de las reflexiones morales de Judah Rosenthal en el fundamental Crimes And Misdemeanors, utiliza el dogma como filosofía no con devoción.

En You Will Meet A Tall Dark Stranger, el neoyorkino hace una curiosa observación: aquellos quienes viven bajo la superstición y ponen su fe en lo desconocido viven más felices y satisfechos con sus decisiones en la vida en comparación con quienes resultan escépticos y racionales, los cuales terminan amargados y consumidos por el remordimiento y la incertidumbre.

La película se mueve con sutileza como una farsa melodramática por lo que Allen utiliza a Naomi Watts –canchera, siempre por encima del promedio- y Josh Brolin –quien viene en una racha insuperable desde No Country For Old Men, W.Milk, y Wall Street: Money Never Sleeps-; por su parte los veteranos Anthony Hopkins y Gemma Jones no cuajan en el resultado final y sus actuaciones no cumplen las expectativas. Antonio Banderas aparece en ocasiones tartamudeando nervioso al imitar los tics característicos de Allen como si su personaje lo requiriese.

El filme es el cuarto en su paso por Londres tras los soberbios Match Point y Cassandra’s Dream y el inferior Scoop. Es así que You Will Meet… sufre tanto los defectos y virtudes de los trabajos anteriores. Por un lado está el pesimismo implícito en los personajes de Brolin y Watts, como la comedia anodina por el lado de Hopkins y Jones.

La sensación que deja el film es la de una obra incompleta, hecha sobre la marcha sin convicción ni genuino interés ni fuerza. Es como si Woody Allen no estuviese convencido en su historia ni tuviese fe incluso para escribir sobre ello. El escepticismo del neoyorkino le gana y se lo impide.

Lo bueno: el aspecto dramático de Brolin y Watts es suficiente para echar andar lo más interesante de la película.

Lo malo: Antonio Banderas, lamentable.

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