“Fair Game” y las triquiñuelas de una guerra en la que se valió de todo

por G. Bastas Chipoco


En Estados Unidos se respiraba un ambiente de duelo y venganza cuando todavía el polvo se levantaba de las ruinas del World Trade Center al ser removidas. George W. Bush aprovechó ése escenario para echar andar su agenda personal y derrocar al viejo enemigo de su padre: Saddam Hussein. Sin embargo, los medios que la Casa Blanca utilizó para justificar su cruzada en el Medio Oriente carecía de ética y fundamentos de una amenaza fehaciente; en su momento incluso se le comparó a la “guerra preventiva” con la que Hitler justificó su ataque a la Unión Soviética.

La norteamérica de Bush es una en donde el engranaje político consume e interviene en la vida cotidiana de ciudadanos quienes se encrespan hasta el colapso nervioso, temerosos de otro ataque letal. Pero para Valerie Plame el riesgo con el que trabaja es frío y anticlimático, es una tarea que implica ganarse la confianza de enemigos y extraños a base de mentiras y medias verdades e incluso, en ocasiones, cumplir su palabra cuando el caso lo amerita.

El espionaje de Plame –Naomi Watts siempre por encima del promedio- es tenso y demandante, lejos de la acción trepidante de Bourne y la parafernalia de James Bond sino cerebral y excesivamente analítico. Es precisamente por ello que cuando se le requiere a la CIA corroborar las hipótesis de la Vicepresidencia de Dick Cheney sobre la existencia de potencial nuclear en Irak la agencia envía a Joseph Wilson, esposo de Plame, a África para un reconocimiento y recabar datos –sólido Sean Penn, sin brillo pero cumplidor.

Cuando la información que tanto Plame como WIlson es tergiversada y la mentira con la que la remplazan se convierte en el elemento clave para iniciar la guerra, Wilson denuncia el hecho y es la única voz disidente en un país hambriento de retribución por la tragedia del 11/7.

Gracias a un manejo de cámara en mano la historia cobra ribetes de documental añadiéndole, a su vez, la complicidad, el drama y la empatía necesaria para documentar el desmoronamiento de un matrimonio y la psicología de una sociedad en tiempos bélicos.

Lo Bueno: las conversaciones en la mesa entre el matrimonio de Plame y Wilson con sus amigos son excelentes muestras del zeitgeist estadounidense en la década que pasó

Lo malo: a causa de su mismo argumento y personajes el filme puede resultar demasiado técnico; de no tener un conocimiento previo resulta complicado de seguir.

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