“Bad Lieutenant: Port Of Call New Orleans” o el descenso al infierno en la esencia de un buen hombre

por G. Bastas Chipoco


Werner Herzog tomó el nombre del Bad Lieutenant de Abel Ferrara para presentar su visión particular de la fibra moral de un héroe americano en la era post 9/11 en una ciudad de inherente sordidez y agreste belleza como New Orleans tras el paso del devastador huracán Katrina.

El filme inicia con Nicolas Cage –exuberante e hipnótico, lo mejor de él desde Leaving Las Vegas– como un Sargento de policía jugando con la vida de un reo a punto de ahogarse en su celda por las aguas de Katrina, pero no lo permite, su instinto le gana y lo salva a costa de una lesión cuyo dolor no cesará en lo que le resta de vida. Un recordatorio perenne de su insensata bonhomía.

Tiempo más tarde, ya convertido en un condecorado Teniente, se encuentra amenazando, intimidando y robándole drogas a la escoria de la sociedad para paliar su dolor físico y, quizás, también emocional. Además, comparte su tiempo con una estilizada prostituta –Eva Mendes en su rol más compacto y cumplidor- con quien tiene una saludable relación de mutuo entendimiento.

Pero las transgresiones y faltas del Teniente malo se vuelven cada vez más desesperadas y torpes por lo que acaba rodeado entre un narcotraficante, su corredor de apuestas y unos gángsters que exigen más de lo que él puede proveer por su error en cruzárseles. Cada vez el Teniente se ahoga en sus limitaciones al lidiar con su dolor, sus tareas como detective y su adicción; todo ello pisando los límites de la ley que su placa de oficial se lo permite.

Lo que en la superficie es un crispante noir resulta una alucinante disección psicológica de un hombre balanceándose en una cuerda floja boca abajo. Herzog hace uso de New Orleans para relacionarnos con ella en dos aspectos de nuestra naturaleza: la oscuridad y sordidez de nuestras almas alejadas de su esencia y el perpetuo renacer en la vida, el ciclo que se cumple, que también es una especie de reivindicación.

Lo bueno: la secuencia completa de la confrontación entre pandilleros y gángsters con Cage en medio de ellos tiene una carga, belleza y precisión onírica, casi surrealista. Ojo con las iguanas.

Lo malo: Val Kilmer, maduro y confiado en sus habilidades, termina desperdiciado por una falta de mayor exposición; una lástima.