“Blue Valentine” o la lenta y agonizante descomposición del amor y la ilusión en un matrimonio

por G. Bastas Chipoco


Blue Valentine es la disección de los corazones de sus protagonistas, es un fresco de las emociones de dos amantes pintados con sangre, sudor y lágrimas. Lo que en la superficie es un un pequeño filme independiente  de factura sincera y modesta acaba por ser una obra delicadamente manufacturada para ser vista con las defensas bajas.

Los sentimientos que corren a lo largo de la película emanan a flor de piel incluso en los momentos en los que no se dice nada y el silencio retumba con elocuencia para dibujar las grietas de la amargura, el tedio y el desencanto. Hay momentos en que Michelle Williams –enorme, quizás la mejor actriz de su generación- le basta con repetir desgastada “estoy harta, estoy harta, estoy harta…” para desnudar con desgarro y sin verborrea o efectismo el fin de un amor.

La historia se intercala en abruptos, aunque oportunos, momentos la evolución de la pareja; desde que Dean –Ryan Gosling, una promesa que ya cumple con creces. El nuevo Montgomery Clift– corteja a una reticente Cindy embelesado por la promesa del enamoramiento hasta que consigue su cometido tras una serie de circunstancias que dibujan en cuerpo completo su auténtica dedicación a ella y los votos que ha de honrar ya de casados (En las buenas y en las malas, en la salud…)

Es en los momentos de desintegración y conflicto en el cual el sobrio e intimista pulso de Derek Cianfrance con cámara en mano expone las heridas que se infligen ambos sin quererlo en un vaivén de amor/odio, erotismo y repulsión, que sólo se acrecienta a medida que el filme avanza alejándolos cada vez más de una solución. Blue Valentine es un viaje doloroso, una trampa fatal en el cual no hay culpables discernibles que fascina con su verosimilitud y cruda poesía.

Lo bueno: la serenata con ukulele de Gosling y el baile de Williams exuda simpleza y ternura en torrentes.

Lo malo: el filme es largo y paciencioso, requiere paciencia y feeling considerando las emociones con las que juega.