“Rescue Dawn” o el tibio halo de luz desde la profundidad del corazón de las tinieblas en los hombres

por G. Bastas Chipoco


Todo empezó con el documental Little Dieter Needs To Fly (1997) para que Werner Herzog usase la gesta de Dieter Dengler,  piloto germano-americano, de su escape desde un recóndito campo de concentración del Pathet Lao en la Guerra de Vietnam; después de 10 años el filme vio la luz como una ampliación del documental y un regreso a un ambiente familiar para el director: la selva. Rescue Dawn así se convirtió en un estudio del carácter de un hombre en el máximo de su extremo así como su lucha a cuesta y subsecuente victoria en base de tu tenaz temple.

Herzog tiene una relación enigmática y magnética con los trópicos, desde los infernales Aguirre, The Wrath Of God y Fitzcarraldo en la Amazonía peruana hasta Rescue Dawn se percibe un amor pagano del alemán en su exótico y exuberante esoterismo. Es así que Herzog, tanto entonces como ahora, utiliza éste imposible escenario para ubicar a su héroe por antonomasia: el soñador de ambiciones desmedidas, un demente herido en la selva luchando contra los elementos en sus propios términos.

Para éste tipo de historias el director contaba con el inmenso e inclasificable Klaus Kinski, pero ahora echa mano al siempre comprometido Christian Bale –en su rol más complejo y atractivo, dándole uso a todo de sí mismo- para que lidere un grupo de soldados norteamericanos prisioneros no sólo de guerrilleros laosianos sino de la jungla y, más aún, de sus miedos. Entre ellos el usualmente chistoso Steve Zahn –vulnerable, beneficiándose de su camaradería con Bale- lo acompaña en una huida que pareciese lo contrario, como si profundizaran en una herida abierta dejando el indigno confort de la jaula y los insanos cuidados de Little Hitler y Crazy Horse a la enigmática selva y las oscuridades que ella contiene en su vientre que lo devora todo, incluyendo la humanidad en los hombres.

Rescue Dawn es un híbrido herzogiano, por instantes y con cámara en mano se aproxima al documental, luego al filme metafísico para pasar al convencionalismo hollywoodense del género de escape con las virtudes y defectos que ello implica. Sin embargo, nunca pierde su filo, su osadía; desde la sanguijuela adentrándose en el pecho de Dengler hasta la furia de los ríos y quebradas, Herzog exhibe entendimiento y empatía con una escenografía inclemente en donde su héroe sobrevive sólo porque su ambición es más grande que las implacables leyes de la naturaleza.

Lo bueno: la sinergia que hay entre la selva y lo que ella genera en Bale, azuzado y captado con cálida precisión por Herzog, es hipnótica.

Lo malo: la secuencia final resulta triunfalista y cae en los cánones del cliché, aunque sin llegar a desmerecer al filme.

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