La palabra con C, el ser serrano, el complejo alrededor y otras perlas peruanas

por G. Bastas Chipoco


Éste es el más grande tabú de la sociedad peruana. Apenas se le pronuncia su sonido genera una reacción, una imagen, un recuerdo, una idea; un complejo se exterioriza. No hay alternativa porque todos estamos bajo la influencia de ser o no ser CHOLOS. Se rastrea el origen de cholo a los años posteriores a la conquista, cuando los indios eran bestias y aún no tenían alma según la Iglesia Católica. A medida que evolucionó la sociedad -eso incluye el proceso de mestizaje amerindio-español- la palabra adquirió varias acepciones en Latinoamérica.

No obstante, su connotación negativa perdura. Dada la muy característica ambivalencia de la cultura peruana, donde las dualidades e indefiniciones son típicas, el cholo tiene tantas significaciones como la jerga de un recluso de Lurigancho. En Estados Unidos existe reparos con respecto a negro, hoy llamados afro-americanos -un término políticamente correcto acuñado por Jesse Jackson-, por lo que se concluyó con que sólo los negros tienen derecho exclusivo sobre la palabra. Cual copyright idomático y racial.

Mientras aquí se usa cholo para describir lo populoso, lo chabacano, lo marginal, lo chicha -aunque no es de extrañarse, puesto que eso que llaman popular (que no es lo mismo que pop) es una síntesis de tantas influencias que equivale al pedigrí de un perro chusco-, se entiende que cholería es el grupo de cholos o la cultura de ellos, y cholear o “hacer el cholito” es una acción de injuriar, ridiculizar o engañar a alguien. Al mismo tiempo, se usa cholo como un term of endearment. No es raro escuchar “cholito lindo” o similares. Esta ambigüedad es lo peligroso, se dan demasiadas interpretaciones de acuerdo al contexto y al tono.

Si bien hay energúmenos sociales que cholean a un cholo siendo cholos ellos mismos, la raíz del problema no es esa discriminación sino la autodiscriminación. Porque hay generaciones de peruanos nacidos bajo la creencia y el ‘estigma’ impuesto de ser mestizos o cobrizos -calificativo humalista-; cholos, al final y al cabo. Habrá que superar primero el complejo de ser ‘oscurito’. Se tuvo mucho tiempo para hacerlo -unos 500 años aproximadamente- y es ridículo continuar con ese bache existencial ahora que el país entró a un nuevo siglo y el nuevo gobierno y la filosofía de la familia presidencial propugna una especie de superioridad racial y revaloración de la etnia netamente peruana de origen y base andina.

Serranos de corazón

Son los inmigrantes mismos quienes tienen el afán de desvincularse de su raíces. Es lamentable verlos adoptar manierismos con tal de encajar. Quizá no entiendan que sus intentos acaban por ser considerados como choleros por la misma gente que aspiran abrazar. Las colonias de inmigrantes en vez de ser una comunidad orgullosa (como el Little Italy en NYC o los irlandeses que tomaron por completo a Boston) viven avergonzados tratando desesperadamente por no parecer lo que son. Siempre habrán racistas que los señalen, pero como reza el cliché “el cambio empieza por uno mismo”. ¿No es lo que suelen decir los idealistas más optimistas?

Alguna vez conversando con una amiga de Pucallpa hice una comparación entre selváticos, costeños y serranos (las tres regiones naturales que nos enseñaron en la primaria). Un tercero se ofendió porque utilicé el sustantivo serrano -y no como un adjetivo despectivo como seguro pensó él-. De ése modo la palabra con S (serranos) también resultó ser un insulto. Si uno se siente denigrado por su cuna tiene una sola alternativa: Desaparecer. Es estúpido sentirse disminuido por su lugar de origen. Una cosa es sudaca y otra serrano. Mientras que el primero es un insulto per se a los sudamericanos en general, el otro sirve para designar a la gente nacida en los Andes; de la misma forma que andino, nativo, autóctono, indígena, y otros tantos.

Hay tantos complejos dentro en un peruano de a pie que eso sí da vergüenza. Los negros, o afro-americanos para los sensibles, de EE.UU. revalorizaron su cultura y raza con el Black is Beautiful en los 70’s. Hoy con los recursos mediáticos -internet, la TV, las redes sociales sobretodo- los cholos pueden hacer lo mismo.

Pero no confundirse, porque la technocumbia, la chicha, la pollada, etc. no es material cultural -pese que incluso empiezan a llamarles Cultura Viva por caviares, aspirantes arty, pretenciosos y filósofos de cafetín- sino un mestizaje mal llevado, una expresión mutada y viciada con el afán de acomodarse en otra realidad (la chicha siendo rock por huayno, la pollada una barbeque por pachamanca).

Pueda que te llamen cholo -cariñosa, peyorativa, figurativamente hablando-, es un recurso ofensivo que no desaparecerá. Quizá sea el calificativo más versátil que hay ya que significa tantas cosas a la vez. Pero si un día te dicen cholo y te disgustas, pues entonces te compadezco.

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