“George Harrison: Living In The Material World” y la reivindicación del beatle más antirockero

por G. Bastas Chipoco


Sólo fue a raíz de la muerte de George Harrison –un acontecimiento equiparable a la desaparición de un papa- que el inconsciente colectivo empezó a indagar más sobre el menos popular de los Fab4 y descubrir que detrás del reservado y lacónico guitarrista había un hombre sardónico, cáustico y profundamente preocupado por la trascendencia de su alma a un lugar más significativo que el mundano mundo que vivimos.

A los diez años de la muerte de Harrison, y ya más de treinta del asesinato a John Lennon, la relevancia e impacto que todavía genera The Beatles está intacta y el interés alrededor de las personalidades que la conformaban es en absoluto reveladoras. Sólo una empresa de semejante envergadura como la de desenterrar, exponer y reinterpretar la vida y obra de un músico popular a lo largo de una carrera de 40 años podía correr a cargo de un realizador tan meticuloso y fanático como Martin Scorsese.

Las credenciales del director hacia el rock, sin contar soundtracks de sus filmes (Gimme Shelter, Layla, Mannish Boy, House Of The Rising Sun, etc.) habla claro: desde sus pininos en la postproducción de Woodstock, pasando por The Last Waltz (considerado con unanimidad el mejor filme/concierto de todos los tiempos), hasta su penúltima incursión con el irregular Shine A Light de los inmortales Stones. Es entonces que éste cuasi fan le echa mano a la vida de un rockero exitoso que busca un grial, un significado más profundo a todo lo que ya ha ganado. Una especie de cruzada introspectiva en las antípodas del decadente showbiz.

Living In The Material World no sólo no se parece a Imagine: John Lennon por la diferencia de personalidades entre John y George sino también por la intención de la película, su leitmotiv y el producto final. Mientras que lo de Lennon es una remembranza del hombre detrás del mito y sus hazañas pacifistas, Living… es el viaje formativo de un hombre incómodo con la fama y su viaje contracorriente, es en muchos casos, la antítesis de Imagine, el otro lado de la misma moneda.

Sin embargo, entre ambos rockumentales la similitud está en que sus protagonistas buscaban paz y realización aunque con resultados distintos –John en su doméstico lustro criando a Sean y George en la última década de su vida como un jardinero zen. Scorsese apunta a repetir su fórmula lograda con No Direction Home, el génesis del Bob Dylan legendario, y con éste filme lo consigue.

A base de testimonios orales de las fuentes de primera mano (Olivia Harrison, Eric Clapton, Klaus Voorman, Phil Spector, Eric Idle y Terry Gilliam de los Monty Python, Ringo y Paul, y un largo etcétera), entrevistas de archivo y unas inéditas epístolas a mamá Harrison, se repasa las múltiples facetas del beatle George: el músico, el esposo, el padre, el productor, el amigo, el filántropo, el aficionado a las carreras, el krishna, el humano.

Al final de éste nutrido documental (casi tres horas dividido en 2 partes) cualquier mortal cae en la cuenta que dentro de The Beatles la figura que menos brilló fue quien en su interior albergaba la luz que más intensa.

Lo bueno: una observación de George Harrison a la casaca de cuero de Paul McCartney es la apoteosis del humor irónico del compositor de Taxman.

Lo malo: el largo aliento del filme obliga paciencia, dedicación y lo limita a básicamente beatlemaniacos o fanáticos del rock clásico.

Anuncios