“Young Adult” o la desilución y punto de quiebre en el complejo de Peter Pan que todo adulto experimenta

por G. Bastas Chipoco


La segunda colaboración entre el dúo más hypster de la comedia estadounidense, el director Jason Reitman y la guionista Diablo Cody, viene en forma de otro filme sobre una adolescente, en éste caso, enquistada en el cuerpo de una mujer adulta bordeando los 40. Lo que en Juno parecía ser una quinceañera demasiado astuta, sardónica e inteligente para los chicos de su edad, en Young Adult es todo lo inverso. Aquí el personaje es una rubia ansiosa, inestable, segura de lo que aparenta pero resquebrajándose en su interior por un mundo externo que no la satisface ni representa sus expectativas, si es que ella acaso las tiene.

Cuando Mavis Gary –Charlize Theron, instintiva, sutil, exuberante en manías y detalles que enriquecen su presencia en pantalla- recibe un email con la fotografía del bebé de su viejo amor de secundaria un golpe a su ego la empuja de su monótona existencia de soltera en la buhardilla en la que vive hacia la reconquista de quien es su mejor recuerdo de una época que ya pasó, pero pareciese aferrarse a los fragmentos que aún quedan.

La mente de Mavis está imbuida en su profesión o, a lo mejor, es su trabajo la justificación a sus propias capacidades, limitaciones y psicología. El ser escritora de novelas para “adultos jóvenes” , eufemismo para adolescentes, resulta el empleo ideal para una mujer que come chatarra, se emborracha y se acuesta con tipos ocasionales y gusta de husmear en conversaciones ajenas entre mocosas. Pequeños detalles como esos explican cómo Mavis no deja su crisálida y se resiste a asumir su rol en la sociedad.

Es así que los valores y criterios que impulsan a Mavis a reconquistar a su high school sweetheart se circunscriben a la de una quinceañera obsesionada en el cuerpo de una mujer totalmente desarrollada. Semejante paradoja justifica el humor oscuro, el sarcasmo que corta en ambos sentidos, tanto para los personajes que Diablo Cody diseñó como para nosotros que vemos el filme con deliciosa, cínica y morbosa simpatía. El firme descenso de Mavis a la realidad es nuestra propia caída, es el momento en que despertamos para vernos como adultos. El sueño de la eterna inocencia se acabó para empezar a residir en el grisáceo mundo de la madurez en donde todo es borrón y cuenta nueva y las consecuencias de lo que hiciste antes pesan como un lastre. En éste caso, el de una ‘psicótica perra reina de graduación’.

Reitman hecha mano a sus recursos que mejor le funcionan: un montaje humilde, preciso, sin fanfarria ni efectismo emocional. Su distancia y pulso para abordar la historia ayuda a desplegar la humanidad de los personajes aún cuando sean incompletos como el Patrick Wilson o tan empáticos como el que Patton Oswalt, la otra mitad de la película, construyen en base de los clichés de secundaria norteamericana. Así como en Juno, Reitman le da protagonismo a la música indie y Teenage Fanclub es otra arista en la relación Mavis/Buddy, incluso cuando el telón ha caído, la suerte está echada y lo que empezó como una risa para nosotros terminó como una amarga reflexión en forma de un sinsabor en la boca.

Lo bueno: Los primeros 20 minutos que nos presentan a Mavis es una síntesis de Charlize Theron como actriz, Reitman como director y Cody como guionista. Un pack completo.

Lo malo: No es una comedia convencional, diametralmente opuesta a Juno, por lo que es difícil sentir abierta empatía con el personaje. Es demasiado crudo para procesarlo, demasiado honesto para tragarlo de un bocado.

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