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Rock Es Cultura #2: The ARMS Charity Concert 1983

Portada de Rolling Stone (Enero; 1984) con todos los integrantes del ARMS Charity Concert celebrado en el Madison Square GardenUna de las más grandes y legendarias reuniones de dinosaurios del rock jamás realizada es el ARMS Charity Concert de 1983 en beneficio a Ronnie Lane (bajista; Small Faces) víctima de múltiple esclerosis. Lo que empezó como unas simples actuaciones por pura diversión acabó como una mini gira que encontró su clímax en la reunión de los tres más grandes guitarristas clásicos de la generación de los 60’s en el Madison Square Garden: Eric Clapton, Jimmy Page y Jeff Beck, quienes habiendo sido miembros de The Yardbirds nunca coincidieron.

Uno de los temas que interpretaron juntos fue Layla en compañía de los stones Bill Wyman en bajo, Ronnie Wood (compañero de Lane y Rod Stewart con The Faces) y Charlie Watts en un duelo de batería con Kenny Jones. El percusionista favorito de todos, Ray Cooper, les asiste totalmente entusiasmado.

Traté de darte consuelo cuando tu hombre te decepcionó. Como un idiota me enamoré de ti, pusiste mi mundo de cabeza

 El momento más intenso fue la apasionada versión de Joe Cocker del clásico beatle dedicado a la memoria de John Lennon, With A Little Help From My Friends. Se le unen a Cocker el virtuoso Fernando Saunders (bajista; ex Lou Reed) Paul Rodgers (cantante; ex Bad Company), un extasiado Jeff Beck hace los coros con su guitarra mientras que Clapton apuntala los solos. Lamentable es el estado de Jimmy Page quien por entonces se hundía en su adicción a la heroína.

 ¿Creerías en el amor a primera vista? Sí, estoy seguro que sucede todo el tiempo ¿Qué ves cuando apagas la luz? No puedo decírtelo, pero sé que es mío

“George Harrison: Living In The Material World” y la reivindicación del beatle más antirockero

Sólo fue a raíz de la muerte de George Harrison –un acontecimiento equiparable a la desaparición de un papa- que el inconsciente colectivo empezó a indagar más sobre el menos popular de los Fab4 y descubrir que detrás del reservado y lacónico guitarrista había un hombre sardónico, cáustico y profundamente preocupado por la trascendencia de su alma a un lugar más significativo que el mundano mundo que vivimos.

A los diez años de la muerte de Harrison, y ya más de treinta del asesinato a John Lennon, la relevancia e impacto que todavía genera The Beatles está intacta y el interés alrededor de las personalidades que la conformaban es en absoluto reveladoras. Sólo una empresa de semejante envergadura como la de desenterrar, exponer y reinterpretar la vida y obra de un músico popular a lo largo de una carrera de 40 años podía correr a cargo de un realizador tan meticuloso y fanático como Martin Scorsese.

Las credenciales del director hacia el rock, sin contar soundtracks de sus filmes (Gimme Shelter, Layla, Mannish Boy, House Of The Rising Sun, etc.) habla claro: desde sus pininos en la postproducción de Woodstock, pasando por The Last Waltz (considerado con unanimidad el mejor filme/concierto de todos los tiempos), hasta su penúltima incursión con el irregular Shine A Light de los inmortales Stones. Es entonces que éste cuasi fan le echa mano a la vida de un rockero exitoso que busca un grial, un significado más profundo a todo lo que ya ha ganado. Una especie de cruzada introspectiva en las antípodas del decadente showbiz.

Living In The Material World no sólo no se parece a Imagine: John Lennon por la diferencia de personalidades entre John y George sino también por la intención de la película, su leitmotiv y el producto final. Mientras que lo de Lennon es una remembranza del hombre detrás del mito y sus hazañas pacifistas, Living… es el viaje formativo de un hombre incómodo con la fama y su viaje contracorriente, es en muchos casos, la antítesis de Imagine, el otro lado de la misma moneda.

Sin embargo, entre ambos rockumentales la similitud está en que sus protagonistas buscaban paz y realización aunque con resultados distintos –John en su doméstico lustro criando a Sean y George en la última década de su vida como un jardinero zen. Scorsese apunta a repetir su fórmula lograda con No Direction Home, el génesis del Bob Dylan legendario, y con éste filme lo consigue.

A base de testimonios orales de las fuentes de primera mano (Olivia Harrison, Eric Clapton, Klaus Voorman, Phil Spector, Eric Idle y Terry Gilliam de los Monty Python, Ringo y Paul, y un largo etcétera), entrevistas de archivo y unas inéditas epístolas a mamá Harrison, se repasa las múltiples facetas del beatle George: el músico, el esposo, el padre, el productor, el amigo, el filántropo, el aficionado a las carreras, el krishna, el humano.

Al final de éste nutrido documental (casi tres horas dividido en 2 partes) cualquier mortal cae en la cuenta que dentro de The Beatles la figura que menos brilló fue quien en su interior albergaba la luz que más intensa.

Lo bueno: una observación de George Harrison a la casaca de cuero de Paul McCartney es la apoteosis del humor irónico del compositor de Taxman.

Lo malo: el largo aliento del filme obliga paciencia, dedicación y lo limita a básicamente beatlemaniacos o fanáticos del rock clásico.