Varias Posiciones

El Discreto Desencanto de la Burguesía

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“The Men Who Stare At Goats” o la comedia del absurdo sólo para cinéfilos inteligentes (o estúpidos)

Este filme no son las comedias existenciales de David O. Russell o el cine europeizado que en ocasiones los Coen se les antoja hacer con sus producciones más ligeras. Ésta película se gusta o se odia. Así de sencillo. Con un reparto que derrocha oro (entre sus protagonistas hay cuatro Academy Awards) y una historia que bordea lo audaz, ridículo y atractivo.

Basado en una novela que narra el operativos de una élite de las Fuerzas Especiales estadounidenses con poderes psíquicos, invisibilidad e intagibilidad, entre otras habilidades para el espionaje. Ewan McGregor da uso a una actuación correcta sin destacar para darle vida a un reportero que entrevista a George Clooney (carismático, lo usual en él; sólido en su rol) quien a través de sesudos flashbacks va armando una historia de inverosimilitud y ridículo que, teniendo como base un trasfondo de carácter bélico/periodístico, no deja de ser osada e interesante, en el mejor de los casos.

Otros dos tótems completan la parrilla, Kevin Spacey y Jeff Bridges, quienes suman credibilidad a la producción que pasó sin pena ni gloria por los cines de USA y Europa y cosechó tantas opiniones divididas que es casi imposible consensuar y determinar si el filme es un fiasco con pretensión artística o una comedia inteligente e incomprendida por lo adelantada e inusual de su propuesta.

Caso similar le sucedió a Punch-Drunk Love (2002) de Paul Thomas Anderson -filme que extrajo la mejor actuación del bufón Adam Sandler- que fue dilapidada pero se llevó Palme D’Or en Cannes. Este no es el caso de The Men Who Stare At Goats, el cual sólo viéndose con una mente abierta, aligerada, desprejuiciada puede hallársele virtudes inherentes y cabras desmayadas.

Lo bueno: George Clooney no sólo es el hilo conductor sino la virtud per se del filme. Su carisma levanta en peso a la película.

Lo malo: una comedia negra como ésta queda a media caña y no levanta vuelo con contundencia.

“The American” o cómo George Clooney pasa de cool a letal en dos horas

Anton Corbijn es tanto un veterano como novato en el arte tras la cámara -con más de veinticinco años haciendo videoclips para Depeche Mode, Nirvana o Echo & The Bunnymen, este es su segundo filme-. En The American, tras el conciso Control, Corbijn cuenta con un George Clooney en estado de gracia; en su mejor momento artístico, físico y mental.

Este es un thriller sencillo con el personaje de Clooney recluido en una villa en los sinuosos Apeninos italianos en el que es su último trabajo como diseñador de armas para una rubia asesina que cumple bien su rol de femme fatale.

Es así que las escenas que comparten Clooney con Thekla Reuten están cargadas de una presión proporcionada por el peligro de una agenda e intenciones ocultas y el asfixiante preciosismo del ambiente. Tan bucólico y apacible que resulta ideal para ser la tumba de un paria que vive al borde de la ley.

La soledad envolvente del protagonista -cargado con tics nerviosos, una contenida paranoia y su mirada inquieta y elocuente- se interrumpe en ocasiones por sus conversaciones con un sacerdote local con un pasado turbio y su creciente relación con una prostituta que carga un arma, le genera dudas y aumenta su tensión (excelente Violante Plácido)

El ritmo de Corbijn es metódico, casi quirúrgico como la actuación de Clooney, hecha a su medida para su lucimiento. Como la maquinaria de un reloj suizo, su encanto es europeo y elegante, sofisticado en la superficie y complicado en su naturaleza. El buen ojo fotográfico del holandés se aprecia como si se tratase de una postal sobrecargada y atmosférica, pero firmada con sangre.

Lo bueno: la primera escena y un picnic mortal.

Lo malo: lo espaciado entre las escenas de acción pueden quitarle la paciencia al cinéfilo más adrenalínico.