Varias Posiciones

El Discreto Desencanto de la Burguesía

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“Alberto Fujimori: Inocente cuando sueñas”, algunas preguntas difíciles y las respuestas que no llegan

Tom Waits tiene una canción llamada Innocent When You Dream, me pregunto si Alberto Fujimori la habrá escuchado. La voz de Waits reverberando en gárgaras de bourbon y nicotina. Quizá la tarareaba mientras anotaba quién sabe qué en su notebook y oía a Yanet Carazas repetir “sí, lo está” cual si fuese un ponzoñoso mantra .

Quien tiene buena memoria, y más de 25 años, recordará la transición entre los 80’s y los 90’s. La transición entre Alan García -más esbelto, más déspota, igual de demagogo- y el flamante outsider. La transición entre la lucha en el campo y los cochebombas en plena ciudad. Se dijo que Barrios Altos y La Cantuta fueron hechos exógenos y aislados así como que la universidad era un caldo de cultivo comunista y de adoctrinamiento para los estudiantes jóvenes universitarios por parte de los académicos politizados y militantes del PCP/SL y otras células de tendencia radical y/o terrorista. También se dijo, y se dice aún, que denunciar ése hecho es criticar al plan de pacificación que, al final, resultó exitoso. Y he aquí la pregunta de rigor, por la cual se reduce todo este asunto: ¿Estaba justificada la muerte de esa gente?

Habría que verlo de aquí a unas décadas en perspectiva para entenderlo. Por lo pronto se admite que el grupo Colina sí operó con frío desconocimiento por los DD.HH.. Las matanzas fueron producto por la desesperación de ser desactivados, el afán de resultados concretos e inmediatistas y las tenues sospechas e indicios de conexiones entre las víctimas y sus tendencias comunistas. A la sazón el malogrado operativo justificó su razón de ser. Les dieron apenas unos meses más de vida antes de desintegrar la iniciativa.

La fiscalía se esmeró en señalar a Fujimori como líder último de Colina y una red confusa de intermediarios con Vladimiro Montesinos en medio de la maraña como titiritero tras bambalinas operando en la sombra y en desconocimiento de la presidencia. La defensa argumentó que no hubo documento alguno con una orden directa. Finalmente, lo que dejó el proceso fue una serie de argumentos, especulaciones, declaraciones, exageraciones, verdades, mentiras y todo lo intermedio en tonos grises. Estoy convencido que hoy el ciudadano de pie está igual de confundido e ignorante de lo que realmente sucedió entonces que cuando empezó el proceso. Lo que quedará para nosotros y la posteridad es la sentencia y el país más fragmentado aún.

“Sí, lo está”… ¿Realmente lo está?

Los familiares de los deudos todavía celebran el triunfo de la justica por encima de la impunidad. No tendrán más que marchar ni exigir para que se les escuche. Después de casi veinte años de dolor descansarán.

No obstante, una pregunta seguirá rondando en la mente de todos: ¿Estaba justificada la muerte de esa gente? No estoy seguro. ¿Fujimori es responsable? Yo pienso que sí lo es. Si es así ¿merece estar sentenciado a 25 años de carcel? Yo pienso que no nos debe ni un día adentro. Ésa matanza fue un error criminal terrible. Lamentable desde cualquier punto de vista. El grupo Colina ha de pagar por su accionar. Alberto Fujimori, al ser el presidente de la República y responsable político del plan de pacificación es el hombre a responder de lo sucedido, pero desde un riguroso sentido moral, no penal.

Los crímenes sucedieron durante su administración y los éxitos y consecuencias de su gestión recaen sobre sus hombros, no con carcel sino con sinceras disculpas o una sanción económica. El dinero no devuelve la vida, pero hasta donde sé 25 años de la vida de un funcionario público a quien no se le demostró nada sino se le impuso testigos preparados, rumores y sospechas como pruebas fehacientes tampoco lo hace. La sentencia, como de cuando en cuando nos demuestra, sólo divide al país y es objeto del uso y manipulación oportunista del Ejecutivo de turno (entiéndase chantaje con las condiciones penitenciarias, la compra de votos, las alianzas congresales subterfugias y más, a cambio de apoyo y favores dentro de los círculos de poder)

El veredicto y su sentencia dejaron la puerta abierta a cuestionar la línea de acción y las decisiones militares de forma arbitraria bajo procesos judiciales de naturaleza sesgada, macartista y discriminatoria en tiempos de frecuente violencia interna (en el VRAE y la lucha contra el narcotrágico) y convulsión social -Bagua, Puno y varios más por venir- . De pronto el juez César San Martín, el fiscal Peláez, entre otros, consiguieron la dudosa distinción de ser los gestores de poner detrás de los barrotes a un estadista por un hecho más allá de su control inmediato; como si se tratasen de unos Baltasar Garzón en miniatura, corregidos, redimidos y aumentados.

Que nunca regrese la amenza del terrorismo. Nadie merece tal azote de nuevo. Durante el régimen de Fujimori se derrotó al terrorismo hombro a hombro entre militares, policías, comuneros y muchos tantos héroes silenciosos. Nadie nos va a quitar eso; 25 años pueden pasar, pero la paz perdura. Una última vez más pregunto ¿la muerte de ésas víctimas estaba justificada? Y yo respondo: sáquen su cuenta, objetiva y desapasionadamente.

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El agosto de Ollanta Humala y el silencio cómplice de los supuestos “Vigilantes de la Democracia”

El silencio que rodeó a la administración Humala en sus primeros quince días evidencia el problema más recurrente que tendrá su paso por el poder: el divorcio con los medios y la consecuente especulación. Después de presidentes carismáticos y locuaces como Fujimori, Toledo y García, el mutismo de Humala va a resentir su contacto con el pueblo. Pareciese que sin un discurso hecho en Brasil es incapaz de declarar algo coherente y atractivo. Por el otro lado Daniel Abugattás ya de plano extendió el velo entre prensa/Congreso, no es censura, pero se le siente así. A veces mentir es simplemente no decir nada.

En los quince días de silencio y días subsiguientes las piezas, cual fichas de ajedrez, se movieron con ciencia y precisión, ubicando a un personal leal y agradecido a la familia presidencial en puestos claves. Tal es es el caso de la dirección del Indeci, las jefaturas del EP y FAP, Sunat, Devida y algunos cargos diplomáticos importantes.

En los casos de la designación de allegados en la cúpula de las FF.AA. -sin seguir con rigurosidad el escalafón de ascensos- no es mejor que la firma de sumisión que hubo en los noventa. Lo contrario, pareciese que está instalando a una base de apoyo castrense para cualquier iniciativa que perjudique la estabilidad democrática. Tal como hizo el tan criticado Fujimori; otro personaje, mismo modus operandi.

Sin embargo, son los casos de las designaciones diplomáticas y de la Sunat las que echan por tierra la supuesta promesa de rectitud y cambio de rumbo en el manejo de gobierno. Para la recaudadora eligieron a Tania Quispe, prima de Nadine Hereida, y como embajadora en Francia (una cargo de crucial importancia económica y geopolíticamente) a la ginecóloga Cristina Velita, doctora de cabecera de la Primera Dama. Quienes cuestionaron al congresista Aguinaga, mejor es callarse ahora o criticar de igual modo. Sólo estos dos casos –junto con el de Ricardo Soberón en Devida, un funcionario genuflexo en la lucha antidrogas, quien junto con la otrora congresista Nancy Obregón le hacen flaco favor a Humala en éste tema sensible- prueban que la promesa de Humala en hacer una política distinta cae en falacia desde el arranque. Sus designaciones son iguales de truchas como los compadrazgos del aprismo que se prestan a corruptelas y redes de favores.

En el nivel ministerial, sólo de soslayo, el nombramiento de Siomi Lerner (el operador político de la campaña de Gana Perú) no es discutible sino comprensible en el punto que era lo natural que se le retribuyese el esfuerzo, pero considerando todo su bagaje previo no me hace sino pensar en cómo reaccionarían los medios de ser haber sido nombrado el infame Carlos Raffo de ganado Keiko Fujimori. Por otro lado, la ministra Baca está empezando mal su gestión dribléandola a la par con su actividad artística. Por ley está obligada a dedicarse por entero a su cartera así haya negociado sus condiciones previo a su juramentación. Teniendo en cuenta lo novel del Ministerio de Cultura, sus urgencias y su eficacia por probar en el manejo de sus responsabilidades (sin incluir la burocracia adicional que éste implica habiendo tenido ya el INC) le resta brillo al hecho de ser la primera persona negra en un cargo público relevante.

A todos estos bemoles grisáceo panorama de cómo se perfila el gobierno, los garantes de Humala, aquellos que se autodenominaron “Vigilantes de la Democracia” no se pronuncian en lo absoluto. Tanto Álvaro como Mario Vargas Llosa siguen con sus vidas lejos del país (Washington y Londres) y Alejandro Toledo sigue errático en su búsqueda de alguna razón para existir sin poder y no hundirse en el olvido de la gente. Lo que quizá no han entendido ellos es que al garantizarnos que los indicios de radicalización, comunismo extremo y conexiones chavistas no sólo eran simples especulaciones sino además que Humala era mejor que Keiko Fujimori los convierte en co-responsables en la historia y en la memoria colectiva de la nación tanto de los éxitos como fracasos del régimen.

Cuando el país exige respuestas y el gobierno no se las da y los inversionistas necesitan aún mayores certezas del rumbo a seguir, los vigilantes deben de alzarse y utilizar su influencia con sutileza y seriedad, cual consejeros y/o cabilderos, para orientar a Ollanta Humala en el camino correcto y justo para todos, sin demagogias ni excesos de buena voluntad.

Aunque, siendo realistas, éste endorse de credibilidad en poco o nada salvará los errores del nacionalismo. Es de hombres honrar la palabra de uno y no sumirse en el cómodo oportunismo electoral por ganar agendas propias u ostentar una cuota de poder y exposición. Si han de vigilar la democracia, entonces deben de estar allí en el frente en todo momento, de lo contrario entrarán a la historia nacional de la infamia en donde otro socio, Fernando Olivera, tiene un sitial de honor bien ganado.

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