Varias Posiciones

El Discreto Desencanto de la Burguesía

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“Melancholia” o el fin del mundo tal como lo conocemos (y Kirsten Dunst se siente bien)

Lars Von Trier se abstrajo tras alguna reciente depresión suya e ideó una mini historia épica reducida a dos mujeres vulnerables y expuestas a la inmensidad de un destino que no pueden controlar y la futilidad de sus decisiones frente a una consecuencia más grande de lo que cualquier ser humano puede albergar.

Dividido en dos, el filme inicia con el infructuoso camino de Justine al altar en busca de la felicidad conyugal junto a un hombre quien intenta entenderla, calar en su duda e insatisfacción, pero que, hacia el final de la noche, entiende el silencio alrededor de su esposa y, como buen caballero que es, le da el espacio para que ordene sus pensamientos.

Justine –Kirsten Dunst en la madurez plena como actriz, aplicando todo lo aprendido junto a Sofia Coppola– se deja hundir en una depresión que la aísla de quienes la rodean y, de a pocos, va curtiéndola, fortaleciéndola de una especie de paradójica apatía y confort hacia el final inminente. Quien recibe a Justine en sus horas más oscuras es su hermana Claire –Charlotte Gainsbourg en un papel que la redime tras el intenso y demandante Antichrist– que se echa al hombro su cuidado hasta que, a medida que la historia avanza así como la inminencia del fin, los papeles se invierten. Es entonces que Justine se convierte en un sostén, algo cínico y tragicómico, para Claire que se ahoga en la angustia de no poder concebir la muerte para Leo, su hijo de 5 años, y la de su familia.

De ése modo Melancholia es vista a través de los ojos de dos mujeres encerradas en sus sentimientos y expuestas a la ley universal, al cosmos implacable que no guarda misericordia y se lleva a justos y culpables sin consentimiento, como si una fuerza más grande que lo divino te negara el aire que respiras de buenas a primeras sin razón alguna.

Los mejores pasajes de Melancholia se dan al inicio, tanto desde la secuencia onírica y de altísima carga lírica que explica, desde el arranque, el final del mundo colisionando con otro planeta; y la de la gala, la cual sirve para presentar y ahondar la dinámica, la personalidad, la motivación, y las raíces de Claire y Justine. El bouquet de personajes pincelados es exquisita y la sutil precisión del danés por cincelar las bellas imperfecciones de sus personajes es osada y absolutamente inolvidable.

Lo bueno: las imágenes del inicio serán posiblemente la escena más hermosa y mejor logradas del cine contemporáneo y, quizás, de éste siglo. Y Kirsten Dunst haciéndole el amor al planeta Melancholia.

Lo malo: en ocasiones Von Trier pierde la brújula en su intención de exponer a Dunst como una maniacodepresiva sin rumbo, en particular en la primera parte del filme.

“Somewhere” o cómo sobrellevar la crisis existencial de un ídolo de Hollywood y no aburrirse en el intento

La última película de Sofia Coppola es un poco más de lo mismo. Desde The Virgin Suicides hasta Marie Antoinette sus personajes han lidiado con la soledad en momentos de sus vidas de maduración y autodeterminación. En casi todos ellos excepto Lost In Translation la perspectiva era desde el lado femenino, en el caso de Somewhere es la de un joven actor quien atraviesa una silenciosa depresión y aislamiento pese a su fama y fortuna.

Coppola eligió al actor ideal para su disección del showbiz en Stephen Dorff, un rompecorazones de los 90’s. Con Dorff flotando en escena la cámara de la directora exhibe la apatía de la estrella imbuido por una rutina que no lo satisface ni lo define como persona. Todo ello reafirmado por secuencias bucólicas y pensativas, muy relajadas e hipnóticas que invitan a la meditación sobre la naturaleza de una celebridad.

El mundo de Dorff se ve trastocado en su insípido equilibrio con la llegada de su hija pubescente a quien debe cuidar por unos días. Es la presencia de ella –Elle Fanning, hermana menor de Dakota, y más sutil y expresiva-. A partir de allí en adelante, Dorff llena los vacíos  de su vida con el tiempo que comparte con su hija, la responsabilidad de la paternidad esquiva le viene como una medicina que, en un principio rehuía, pero finalmente le reconforta.

Somewhere es otro filme reflexivo, melancólico y exquisito de una Coppola confiada y segura de sus habilidades. Su audacia por la textura y el tratamiento de sus personajes sigue siendo contemplativa y empática. Quizá la reiteración en los lugares comunes de Coppola se entienda de autoindulgente y su paciencioso ritmo de tedioso, pero para ver Somewhere debe haber feeling y si no lo tienes no lo hagas y no pierdas tu tiempo.

Lo bueno: la secuencia inicial marca la pauta del resto de la película y el pole dancing posterior lo resume todo.

Lo malo: requiere de paciencia y gusto adquirido para apreciar el preciosismo de un filme tan introspectivo como éste.