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“Cowboys & Aliens” o un western para principiantes (con extraterrestres feos, malos y peligrosos incluidos)

Jon Favreau (Elf, Zathura, Iron Man) ha aprendido bien su oficio como director de blockbusters sin perder su dignidad en bodrios efectistas. Con la experiencia de adaptar cómics a la pantalla, Favreau lanza Cowboys & Aliens con la explícita intención de ampliar su paleta de géneros, exhibir un estilo propio y explorar sus capacidades.

Si hay algo en común entre éste filme y Iron Man es que Favreau se toma muy en serio su trabajo y obra con coherencia, es por ello que Cowboys & Aliens no se siente campy ni estúpida. No hay indicios que su argumento sea forzado. Ese efecto es causa de sus dos protagonistas principales, el cáustico Daniel Craig –duro e impertérrito, entregado de lleno en su rol de forajido- y el huraño Harrison Ford –relajado y en piloto automático-, quienes sostienen la película con decencia y aplomo.

Daniel Craig es Jake Lonergan, un pistolero buscado y amnésico que despierta en medio de la nada con un grillete que lo vincula con cierta amenaza oculta. En su paso por un pueblo moribundo se cruza con Woodrow Dolarhyde que busca a su hijo abducido por ésas mismas criaturas que sólo Lonergan es capaz de destruir.

Entre ambos hombres surge una alianza en base de un enemigo y una necesidad en común a quienes se les une la enimática Ella Swenson –la sensual Olivia Wilde en su pobre papel de femme fatale que no llega a encajar. Mientras la película se mantiene dentro de los cánones del western ésta es fresca, vigorosa y altamente disfrutable; una vez que aparecen los aliens todo se derrumba.

Debe haber sido una gran tarea de Favreau en estudiar los viejos clásicos para hallar el pulso ideal del western, pero en ése proceso se olvidó en crear un mejor antagonista en los extraterrestres por lo que la historia se resiente cada vez que pasan por la pantalla. Al final, Cowboys & Aliens resulta una grata experiencia de mutación, de agradable cóctel genérico a pesar que su sabor se disipa al cabo del poco rato.

Lo bueno: Daniel Craig demuestra que puede ser tan duro como sentimental. Es el nuevo Steve McQueen.

Lo malo: Olivia Wilde y los aliens le restan atención a la trama, paradójicamente ambos comparten tienes roles cruciales.

“True Grit” o porqué la de vaqueros todavía es una digna historia para ser contada

Un western fue la primera historia contada a través del proyector. Es la matriz de la cinematografía hollywoodense, es su placenta en donde se encubó durante su edad dorada. Bien puede ser un género moribundo en este siglo, pero la tradición, como lo son todas, tiene el rictus del de la sapiencia y solemnidad que le otorga su clasicismo.

Los Coen, tan dados a la experimentación de géneros, lo sabían bien y con True Grit abrazaron sus raíces, a la madre de todos los realizadores norteamericanos. Su producto final fue fiel al producto del autor Charles Portis: personajes excéntricos y arquetípicos, un lenguaje enrarecido y diálogo idiosincrático afín al brío de los Coen por el cómic negro.

Cuando el padre de Mattie Ross (máxima revelación Hailee Steinfeld) es asesinado por un auténtico perdedor (Josh Brolin en una racha insuperable como actor, quizá el más sólido en el último lustro) la niña decide alquilar los servicios del curtido y alcohólico marshal Rooster Cogburn (Jeff Bridges un tanto autoindulgente, pero siempre por encima del estándar y expectativas). Luego se les une Matt Damon como el Texas Ranger LaBoeuf (cumplidor, así no más)

Tanto en la narración inicial como en la elegía final la ominosa ética bíblico-cristiana de retribución y castigo conjuga una atmósfera áspera y sensible a la perspectiva de la niña. La cinematografía y aspecto técnico del filme nos recuerda lo glorioso que fue y es el western.

Lo bueno: durante el clímax el duelo final entre Rooster Cogburn y la banda de forajidos es digna de antología en este siglo.

Lo malo: Matt Damon sigue siendo una apuesta que no rinde. Es el punto flojo en un reparto compacto.